Especialista de la USIL explica cómo la tecnología, la recuperación y el descanso ayudan a los futbolistas a mantener su máximo nivel en la recta final del Mundial.
Cuando el Mundial entra en su recta decisiva, cada detalle puede marcar la diferencia entre jugar la final o despedirse del torneo. La ciencia del deporte, la tecnología y los protocolos de recuperación se han convertido en aliados clave para que los futbolistas lleguen a esta etapa en su mejor nivel.
Jorge Herrera Chamorro, docente de la carrera de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Universidad San Ignacio de Loyola, explica que, en esta etapa, el objetivo ya no es mejorar la condición física, sino conservar el rendimiento y acelerar la recuperación entre un partido y otro.
“En el fútbol de alto rendimiento ya no basta la experiencia. Hoy las decisiones se apoyan en evidencia científica, datos y equipos multidisciplinarios que trabajan para mantener al jugador en su máximo nivel", afirma Herrera.
Hace veinte o treinta años, la preparación de un futbolista dependía, sobre todo, de su condición física, su técnica y el criterio del entrenador. Hoy, detrás de cada selección hay nutricionistas, psicólogos deportivos, especialistas en recuperación y analistas de datos que ayudan a optimizar el rendimiento y reducir el riesgo de lesiones.
Cada dato ayuda a tomar decisiones
Los futbolistas entrenan con chalecos GPS, sensores y dispositivos inteligentes que registran distancias recorridas, aceleraciones, carga física y niveles de fatiga. Esa información permite ajustar el trabajo diario y tomar decisiones más precisas.
En semifinales y la final, cuando los márgenes de recuperación son mínimos, estos datos ayudan a definir quién necesita descansar, quién puede entrenar con mayor intensidad y cómo distribuir el esfuerzo durante el partido.
Los jugadores que acumulan más minutos realizan sesiones específicas de recuperación, mientras que quienes han tenido menos participación mantienen la intensidad para estar preparados si el entrenador los necesita.
Comer y dormir bien, un factor clave
Uno de los ejemplos de este Mundial es la selección de Noruega, que trasladó cientos de kilos de alimentos desde su país para que sus jugadores mantuvieran su dieta habitual. Para Herrera, conservar esos hábitos también contribuye a que los futbolistas compitan con mayor tranquilidad y confianza.
El descanso es otro componente esencial del rendimiento. Según el especialista, dormir bien favorece la recuperación muscular, mejora la concentración y mantiene los reflejos necesarios para responder en los momentos de mayor exigencia, como un cierre de partido o una definición por penales.
“Incluso una sola noche de sueño insuficiente puede disminuir la velocidad de reacción, afectar la precisión técnica y aumentar el riesgo de lesión. Ninguna tecnología puede compensar una mala calidad del descanso”, advierte.
Frente a las altas temperaturas presentes en varias sedes del torneo, Herrera explica que la preparación comienza semanas antes con protocolos de hidratación, control de electrolitos y adaptación progresiva al calor. A ello se suman chalecos refrigerantes, bebidas frías y baños de hielo, recursos ayudan a sostener el rendimiento durante la competencia.
Un plan a la medida de cada jugador
La preparación ya no es igual para todos. Una parte del entrenamiento responde al modelo de juego del equipo y otra se adapta a las características de cada jugador, según su posición, edad, historial de lesiones y carga acumulada. Hoy, cada ejercicio responde a un objetivo específico.
Con las semifinales en marcha y la final cada vez más cerca, Herrera resume la evolución del fútbol moderno: “No se trata de entrenar más, sino de entrenar mejor. El verdadero rendimiento surge del equilibrio entre la ciencia, la planificación y la experiencia. La tecnología aporta información, pero sigue siendo el criterio profesional el que transforma esos datos en mejores decisiones”.