Un estudio del Observatorio de la Desinformación identificó 300 incidentes de desinformación, manipulación y discursos hostiles durante las elecciones generales.
La desinformación tuvo una presencia significativa durante las recientes elecciones presidenciales en Perú: el 77.7 % de los contenidos difundidos en redes sociales fue falso o fabricado, según el Observatorio de la Desinformación en Perú, en alianza con el Programa de Naciones Unidas (PNUD).
El estudio analizó 300 incidentes verificados entre mediados de marzo y fines de junio. La investigación estuvo a cargo de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL), la Universidad de Piura (UDEP), la Universidad Jaime Bausate Meza (UJBM) y la Universidad Complutense de Madrid (UCM).
Entre los contenidos detectados en Facebook, X (antes Twitter), YouTube y WhatsApp se encontraron encuestas apócrifas, actas electorales falsas y audios inventados.
El análisis identificó, además, otras formas de manipulación. El 16.3 % de los contenidos presentó un contexto falso o manipulado. Entre los casos registrados hubo videos grabados en 2021 que fueron difundidos como si correspondieran a hechos recientes.
La inteligencia artificial generativa también fue utilizada para crear deepfakes de audio, imágenes hiperrealistas y el denominado “dividendo del mentiroso”.
En cuanto a los formatos, el video fue el más utilizado para difundir contenidos o noticias falsas, con 44 % de los casos. Le siguieron la imagen estática, con 38.3 %; el texto simple, con 11.7 %; y el audio, con 6 %.
Mauro Marino Jiménez, docente de la carrera de Comunicaciones de la USIL, explicó que el 61.3 % de los contenidos analizados buscó distorsionar hechos reales. Le siguieron los contenidos orientados al desaliento, con 19 %; la división o polarización, con 12 %; la distracción, con 5.7 %; y el descarte o negación de hechos verificados, con 2 %.
“Distorsionar concentra casi dos tercios de todos los incidentes documentados, lo que confirma que el núcleo de la estrategia FIMI (manipulación e interferencia de información extranjera) fue la fabricación de narrativas de fraude”, señaló Marino durante la presentación de los resultados del monitoreo de conversación digital durante las Elecciones Generales.
Primera y segunda vuelta
Durante la primera vuelta, el 87 % de los ataques tóxicos registrados en redes sociales estuvo dirigido a la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), principalmente contra su titular.
El análisis identificó, además, una narrativa caracterizada por insultos, obscenidades, ataques a la identidad y amenazas.
El 96.2 % de los mensajes de odio contra la ONPE y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) estuvo relacionado con la afiliación política. Según el estudio, ambas entidades fueron vinculadas de manera agresiva “con determinados sectores ideológicos, particularmente con la izquierda política”.
En la segunda vuelta, los ataques se concentraron nuevamente en la ONPE y el JNE. Los principales momentos de críticas coincidieron con el conteo de votos, la difusión de los resultados preliminares y el desarrollo de la jornada electoral.
En esta etapa también predominaron discursos de odio que vinculaban a los organismos electorales con actividades negativas o ilícitas, como corrupción, fraude o criminalidad. A ello se sumaron insultos directos basados en la identidad.
En ambos procesos electorales, la polarización política fue el principal eje de las narrativas hostiles. El estudio advirtió que “esta confrontación propicia que los actores políticos no sean reconocidos como competidores legítimos y pasen a ser enemigos que se deben neutralizar, excluir o deslegitimizar”.
Ante este escenario, el informe recomendó establecer lineamientos graduados y preventivos frente a los discursos de odio, las amenazas y el hostigamiento contra las autoridades electorales. También planteó desplegar una estrategia de comunicación y transparencia, así como implementar acciones de monitoreo y factchecking de narrativas antidemocráticas.
El dato
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