Estudio de la USIL reconstruye su evolución constructiva y explica cómo los sismos y los cambios urbanos condicionaron las características de estos balcones en la costa peruana.
Una investigación de la Universidad San Ignacio de Loyola, publicada en la revista científica Informes de la Construcción, concluye que los primeros balcones construidos en la costa peruana no eran cerrados, como tradicionalmente se creía, sino abiertos.
El estudio reconstruye, por primera vez, la evolución de los llamados “balcones de cajón” entre los siglos XVI y XVIII mediante el análisis de archivos históricos y levantamientos arquitectónicos en Lima, Lambayeque y Trujillo.
Según los investigadores, los primeros balcones que se levantaron en Lima se parecían a los existentes entonces en Canarias y el Caribe. Carecían de cerramientos laterales y funcionaban como galerías abiertas sobre viviendas y edificios públicos.
Las actas del Cabildo de Lima registran la existencia de casas de dos pisos desde 1555, por lo que los autores consideran probable que los primeros balcones comenzaran a construirse en esa época.
Estas estructuras estuvieron presentes tanto en viviendas como en edificios institucionales, entre ellos el Ayuntamiento de Lima y el Palacio Arzobispal. Los documentos revisados muestran, además, que los primeros balcones fueron elaborados principalmente con cedro importado de Centroamérica.
La investigación sostiene que la escasez de madera en la costa peruana y las dificultades para transportarla desde la Amazonía impulsaron la importación de materiales. Con el tiempo, también se incorporaron roble y caoba de Guayaquil y, posteriormente, pino chileno.
A finales del siglo XVI comenzaron a aparecer balcones con celosías. Así surgieron las dos principales variantes de balcones de cajón en el Perú: los abiertos y los cerrados.
Tras el terremoto de 1586, el modelo cerrado empezó a imponerse en Lima y Trujillo debido a nuevas necesidades urbanas y a la adaptación de las estructuras frente a los sismos.
“El balcón peruano no fue un elemento estático, sino una estructura que evolucionó frente a los terremotos, los cambios sociales y las transformaciones técnicas”, señalan los autores del estudio.
Durante el siglo XVII, los carpinteros empezaron a utilizar ensamblajes flexibles y, en algunos casos, reemplazaron los clavos por tiras de piel para mejorar la ductilidad de las estructuras ante la actividad sísmica.
El estudio también documenta la progresiva incorporación de mano de obra local. Aunque la carpintería virreinal dependió inicialmente de artesanos españoles, un censo de 1612 ya registraba la presencia de carpinteros indígenas trabajando en el virreinato.
Tras la reconstrucción de Lima después del terremoto de 1687, los balcones adquirieron un carácter más monumental. Los soportes y demás elementos estructurales comenzaron a tallarse con motivos ornamentales, mientras que las fachadas pasaron a forman parte de la escenografía de ceremonias públicas y religiosas.
Hacia finales del siglo XVIII, el vidrio reemplazó progresivamente a las celosías. Surgieron entonces balcones acristalados con ventanas de guillotina y piezas fabricadas en serie, mientras estas estructuras llegaron a ocupar casi todo el segundo nivel de las fachadas.
Para reconstruir esta evolución, el equipo analizó contratos de obra conservados en el Archivo General de la Nación y en el Archivo del Ministerio de Cultura, además de examinar balcones históricos que aún sobreviven en distintas ciudades del país.
El estudio Cronología constructiva de los “balcones de cajón” labrados en la costa peruana entre los siglos XVI y XVIII fue realizado por los arquitectos Pedro Hurtado Valdez, Jessica Esquivel Coronado y Tania Cerrón Oyague, docentes de la Facultad de Arquitectura de la Universidad San Ignacio de Loyola.
El dato
El artículo completo está disponible en el siguiente enlace.