Durante foro en la USIL, advirtieron que la ética empresarial fortalece la confianza, mejora la reputación y favorece la sostenibilidad de las organizaciones.
La ética empresarial se consolida como un activo estratégico para la sostenibilidad, la reputación y la competitividad de las organizaciones, en un contexto en el que la confianza se ha convertido en un factor clave para la permanencia de los negocios.
Así lo señaló el Dr. Justinus Pech, director del Instituto de Ética del Liderazgo de Bochum, Alemania, durante el decimocuarto diálogo de la Cátedra Konrad Adenauer de la Universidad San Ignacio de Loyola.
El especialista sostuvo que la integridad corporativa ha dejado de ser un componente accesorio de la gestión para convertirse en una condición decisiva para la permanencia y competitividad de las empresas.
“La ética no debe entenderse como una limitación para el desarrollo de los negocios, sino como un factor estratégico que impulsa la confianza, fortalece la reputación y genera valor sostenible en las organizaciones”, afirmó.
Durante su exposición, advirtió que algunos de los mayores escándalos corporativos de las últimas décadas no surgieron por falta de capacidad técnica, sino por la ausencia de principios éticos en la toma de decisiones.
En ese marco, explicó que la ética empresarial va más allá del cumplimiento normativo. Mientras este último se limita a respetar la ley para evitar sanciones, la ética implica actuar correctamente incluso cuando no existe supervisión externa.
Según explicó, se trata de una práctica que nace de la cultura interna y se refleja en las decisiones cotidianas, hasta convertirse en una ventaja competitiva tangible.
Pech indicó que la ética organizacional opera en tres niveles: individual, organizacional y social. Estos comprenden los valores personales, la cultura institucional y el impacto que las empresas generan en la sociedad y el medioambiente.
Asimismo, subrayó que la ética tiene efectos directos en la rentabilidad. Citando estudios internacionales, indicó que las empresas con altos estándares éticos alcanzan mayores niveles de confianza, mejor fidelización de clientes y un desempeño financiero más sólido a largo plazo.
Añadió que la reputación construida sobre principios sólidos facilita la atracción de talento, mejora la resiliencia frente a las crisis y reduce los costos asociados a conflictos reputacionales.
El expositor remarcó que el liderazgo ético debe comenzar desde la alta dirección, ya que la coherencia entre el discurso y las acciones define la cultura interna y condiciona la confianza de los colaboradores.
En el panel participaron Juan Carlos Mathews, decano de la Facultad de Ciencias Empresariales de la USIL, y Alberto Equihua, CEO de Global Ethic de México, quienes coincidieron en que la confianza constituye uno de los pilares para la sostenibilidad empresarial.
Equihua destacó que la confianza es un factor decisivo para la “futurabilidad” de las empresas y advirtió sobre los desafíos éticos que plantea el avance de la inteligencia artificial y el uso de algoritmos en la toma de decisiones.
Por su parte, Mathews vinculó la ética con el contexto social y político del país y advirtió que la corrupción y la desconfianza debilitan la capacidad de los ciudadanos para creer en el Estado y en sus autoridades.
“Un país sin confianza enfrenta un futuro incierto”, afirmó, al subrayar la necesidad de contar con liderazgos capaces de generar credibilidad y promover políticas públicas orientadas a cerrar brechas estructurales.
La jornada fue inaugurada por Jorge Talavera, rector de la USIL, quien resaltó la importancia de formar líderes capaces de innovar y emprender, guiados por principios, sensibilidad social y conciencia de su responsabilidad frente al país y al mundo.
El cierre estuvo a cargo de Erika Valdivieso, vicerrectora académica, quien remarcó que las decisiones de quienes lideran instituciones y empresas tienen un impacto directo en el desarrollo del país.