La carrera de Nutrición y Dietética de la USIL llevará a cabo el I Congreso Internacional de Nutrición el 23 y 24 de noviembre. Durante los días del evento se actualizará a los asistentes en temas de nutrición integrativa y funcional, soporte nutricional en el contexto de la pandemia, seguridad alimentaria, nutrición, actividad física e inmunidad, entre otros ejes. 

Un tema de gran relevancia en la nutrición es la obesidad. Precisamente, para hablar de ello entrevistamos a Pedro Gonzáles, investigador del Departamento de Ciencias de la Alimentación y Fisiología de la Facultad de Farmacia y Nutrición de la Universidad de Navarra, y reconocido investigador del tema de obesidad para que nos comente los avances al respecto.  

¿Cuáles son las nuevas estrategias en la intervención de la obesidad? 

El tema de la obesidad lo sufrimos desde hace décadas y se está trabajando mucho a nivel científico y clínico. Desafortunadamente, es una enfermedad que nos está ganando la batalla, porque la prevalencia sigue aumentando en muchos países. Algunos han logrado estabilizarla, pero son pocos en los que esa curva ha disminuido. En cuanto a nuevos tratamientos, hay áreas que tienen más futuro que otras. Al final, lo más importante va a ser la combinación de varias estrategias. La nutrición de precisión es una de ellas. Ahí podemos mencionar la actividad física individualizada, así como la nutrición y el estilo de vida. Dentro de estilo de vida, también incluyo el crono nutrición. Por ejemplo, se ve que los alimentos que consumimos en la cena no todos lo asimilan igual. Por otro lado, dos de las áreas en las que estamos trabajando son la hipoxia o vivir en altitud para reducir la obesidad. Si nosotros estamos en altitud nos va a costar más respirar, por lo que al hacerlo estamos ocasionando un esfuerzo extra a nuestro organismo en comparación a si viviéramos a nivel del mar. Los datos que tenemos es que a largo plazo hay menor prevalencia de obesidad y de síndrome metabólico de las personas que viven en altitud. Por otro lado, la obesidad es un problema de salud pública en gran parte por la inflamación que acompaña el exceso de grasa que tienen esas personas, y esa inflamación parece que está conectada con enfermedades vasculares, resistencia a la insulina y las diferentes comorbilidades que se pueden asociar con la obesidad. También estamos trabajando con los Omega 3, que son lípidos que se encuentran, por ejemplo, en los pescados azules. Los resultados son positivos a nivel de la inflamación, ya que si logramos reducir esa inflamación que acompaña la obesidad vamos a reducir esas comorbilidades.  Otra área que tiene mucha importancia y sobre la que hemos empezado a trabajar hace poco es el microbiota intestinal. Se está viendo que es importante de cara a la resistencia a la insulina y a enfermedades neurodegenerativas. Le doy un dato para entender la importancia de esta área: tenemos diez veces más cantidad de bacterias en nuestro organismo que células. Ese número algo nos debe indicar. Lógicamente, lo mejor es que la persona pierda peso, pero si es muy excesivo tenemos estas opciones. 

En el caso de la obesidad infantil, ¿cómo revertirla? 

La obesidad infantil está aumentando y más que la de adultos. La mayor parte de los niños obesos van a ser adultos obesos, así que el problema es serio. Considero que tenemos que cambiar el concepto poblacional. Antes, tener un peso elevado era considerado un síntoma de buena salud. Lo primero que hay que hacer es cambiar ese estigma de que hay que dar una cucharadita más de comida al niño. Vemos peor que esté muy delgado que gordo. Por otro lado, tenemos el problema de que los niños de ahora son malos comedores y la industria alimentaria lleva muchos años preparando alimentos ricos en sabor, pero no tanto en nutrición. Los adultos somos conscientes de ello, pero los niños no tanto. Asimismo, por un instinto de supervivencia, los niños rechazan los alimentos amargos cuando son pequeños, como las verduras, ya que lo asocian a sustancias peligrosas. Entonces, lo dulce les gusta mucho y lo amargo les gusta poco. En los niños no vemos rápidamente el infarto o las enfermedades crónicas y decimos “ya comerá bien”, pero luego es más difícil de corregir.  

¿Qué relación hay entre obesidad y la COVID-19? 

La COVID-19 es una enfermedad que todavía estamos entendiendo, pero sabemos algunas cuestiones. Una de ellas es que la obesidad conlleva una serie de comorbilidades, hay inflamación y un aspecto crónico que lo acompaña debido a que el sistema inmune está debilitado. Entonces, una infección como el coronavirus va a atacar a esos cuerpos que son más débiles. Y, por tanto, esas personas que son obesas tienen un mayor índice de contagio en comparación con otros tipos de población y tienen un tiempo de sintomatología más prolongado que otras poblaciones. Otras dos cuestiones son la hipoxia, ya que el ser un virus respiratorio afecta a la captación de oxígeno. Como sabemos, las personas obesas, en su mayoría, tienen cierta hipoxia en el organismo entero y a nivel del tejido adiposo. Con el coronavirus eso se acentúa y empeora. La última cuestión es que la COVID-19 -y esto que digo es un análisis propio- tiene una protección lipídica, entonces, si una persona tiene una mayor cantidad de grasa en su cuerpo, sobre todo visceral a nivel del corazón, los pulmones, facilita que el virus se almacene en esos tejidos y se reproduzca, y alcance una carga viral mayor y, por tanto, la capacidad para producir daño sea más letal.  

¿En qué situación quedará la obesidad después de la pandemia? 

Precisamente, estamos trabajando en esa área con Luis Baquerizo, quien es profesor de la USIL. Es un aspecto que se viene estudiando mucho alrededor del mundo en profundidad. Puedo hablar por mí y, sin embargo, creo que aplica para todos: nuestras vidas son sedentarias. El teletrabajo acentúa eso. No obstante, al principio estábamos entusiasmados de hacer nuestras flexiones en casa. A algunos la motivación les duró más que a otros. Sin embargo, esa práctica acarrea unas complicaciones importantes debido al esfuerzo al que sometemos a nuestro cuerpo al entrenar en un espacio que no es el adecuado. En ese sentido, creo que la mayoría ha ganado peso durante el tiempo de confinamiento, ha empeorado su nutrición y es difícil controlarlo. Hace poco escuché decir a un experto que el problema del control del peso empieza en el supermercado, no en casa. Hoy, nos estamos dando caprichos en el supermercado que antes no. Está empeorando nuestra actividad física, las calorías que consumimos y nuestra alimentación. 

¿Por qué es necesario que los profesionales de nutrición participen en este tipo de jornadas? 

Todos los profesionales nos equivocamos, pero cuanto más informados estamos menos lo hacemos. La nutrición ha pasado por años malos, porque hemos enviado mensajes erróneos y nos hemos tardado en corregirlos, y eso nos ha perjudicado. Entonces, en los congresos se da información para que los profesionales estemos bien informados y cometamos menos errores. Asimismo, la ciencia en nutrición está avanzando a ritmo vertiginoso y necesitamos acudir a este tipo de eventos para actualizarnos lo máximo posible.  

Inscríbete en el I Congreso Internacional de Nutrición:  

https://www.usilonlife.com/producto/i-congreso-internacional-de-nutricion/

Sobre la carrera de Nutrición y Dietética 

La carrera de Nutrición y Dietética de la USIL prepara líderes capacitados en la promoción y la prevención de la salud a partir de la alimentación y los estilos de vida saludables. Entérate más aquí.