Conoce, a partir de la visita del papa León XIV al Perú, cómo la fe, las emociones y las experiencias también pueden generar valor.

 angelica-becerra-usilPor: Angélica María Becerra Castillo, docente de la carrera de Marketing.

La religión constituye uno de los fenómenos sociales con mayor capacidad para generar significado, identidad y pertenencia. El marketing, por su parte, estudia cómo las personas construyen significados, expresan valores y establecen vínculos con productos, marcas e instituciones. Esta convergencia permite abordar la relación entre religión y marketing desde una perspectiva que trasciende la lógica comercial, como se puede observar a partir de la próxima visita del papa León XIV al Perú.

La globalización y la apertura de los mercados han permitido que las organizaciones identifiquen nuevas oportunidades para atender a consumidores con diferentes creencias y tradiciones. Aoun y Tournois (2015) señalan que esta apertura económica despertó el interés por desarrollar marcas capaces de satisfacer las necesidades de distintos grupos religiosos.

Cuando las creencias también influyen en el consumo

El marketing basado en la fe busca comprender cómo las creencias religiosas pueden influir en lo que las personas necesitan, sienten y deciden. Conceptos como marketing religioso y marketing eclesiástico se relacionan con la comunicación, los servicios y la forma de construir vínculos con las comunidades.

Además, productos, alimentos, contenidos y símbolos vinculados con la religión muestran que la fe también está presente en el mercado. Desde el comportamiento del consumidor, las creencias pueden influir en las decisiones porque están relacionadas con la identidad, la tradición y el sentido de pertenencia.

Por eso, comprender al consumidor religioso no significa mirar solamente lo que compra, sino entender qué representa para él aquello que elige.

El Papa nos visita

En este contexto, la anunciada visita del papa León XIV al Perú ofrece un interesante caso para observar la relación entre fe, emociones, experiencia y economía.

Grandes concentraciones de personas generan movimiento en el transporte, la hotelería, la gastronomía, el comercio, el turismo y los medios de comunicación. Los eventos al aire libre, con cientos de miles de asistentes, pueden producir un importante impacto económico.

El valor emocional de las experiencias

Para muchas personas, asistir a un encuentro con el Papa puede representar un momento de esperanza, gratitud, identidad y pertenencia. Puede convertirse, además, en un recuerdo familiar que se transmite de generación en generación.

Y allí aparece una de las grandes enseñanzas del marketing: las experiencias que realmente permanecen en la memoria no son necesariamente las más costosas, sino aquellas que poseen un significado personal.

En tiempos de desconfianza y saturación publicitaria, la autenticidad adquiere un valor creciente y se convierte en un elemento fundamental para construir vínculos significativos. Porque las personas no se relacionan únicamente con productos o servicios: también lo hacen con significados, símbolos, experiencias y emociones que conectan con aquello que valoran y creen.

Comprender al consumidor más allá de lo que compra

La fe, finalmente, no necesita del marketing para existir. Pero el marketing sí necesita comprender que, detrás de cada consumidor, existe una persona que busca significado, pertenencia y conexión.

Y es precisamente allí donde el marketing deja de mirar solo lo que las personas compran y comienza a comprender por qué lo hacen.

 

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