Analicemos la desconexión digital en las elecciones 2026, el impacto de la marca personal en el voto y la importancia de entender al elector peruano.
Por Jose Eduardo Espinoza Zuñiga, Mag. en Marketing Digital
Los debates presidenciales rumbo a 2026 en el Perú evidencian un cambio profundo: ya no se trata solo de confrontar ideas, sino de posicionar marcas personales. En lógica de marketing, los candidatos han dejado de ser únicamente actores políticos para convertirse en productos que buscan ser recordados antes que comprendidos.
Hoy, el lenguaje político refleja esta transformación. No es casual que algunos aspirantes utilicen términos como “ghostear”, “funar” o “cancelar” para conectar con audiencias jóvenes.
El desafío de la desconexión digital
Este enfoque digital enfrenta un límite estructural: el Perú no es un país completamente conectado. Según el INEI, durante el primer trimestre de 2025, alrededor del 58,9% de los hogares peruanos contaba con acceso a internet, presentando una brecha significativa entre zonas urbanas y rurales. Mientras Lima superó el 90% de conectividad, en áreas rurales apenas poco más de la mitad de la población accedía a internet. Esto implica que una parte importante del electorado queda fuera del ecosistema digital donde se concentran los debates y campañas.
Aquí surge una paradoja clave: gran parte de la estrategia política está diseñada para un Perú urbano y digital que no representa a todo el país. Si bien más del 95% de los jóvenes entre 19 y 24 años usa internet, su comportamiento electoral no es necesariamente predecible. En el Perú, una proporción significativa de votantes decide su elección en la última semana o incluso frente a la cédula.
El poder de lo simbólico frente a la viralidad
Además, el voto peruano responde muchas veces a elementos más simples que una estrategia digital sofisticada. El caso de Pedro Castillo en 2021 es ilustrativo: su triunfo no se basó en el dominio de redes sociales, sino en una fuerte conexión territorial y simbólica. El sombrero que utilizaba funcionó como un identificador visual potente, especialmente en zonas rurales donde la exposición digital es limitada. En términos de marketing político, esto demuestra que la recordación visual puede ser más efectiva que la viralidad.
En un escenario con decenas de candidatos, los electores enfrentan una sobrecarga de información. Ante ello, recurren a atajos: votan por el símbolo más reconocible, el nombre más familiar o incluso el logo que les resulta atractivo o cercano. La decisión no siempre es racional ni programática; muchas veces es intuitiva.
El impacto de la marca personal en el voto
Mientras tanto, en redes sociales, la política se convierte en espectáculo. Los candidatos priorizan momentos virales y polémicas que generan interacción, pero no necesariamente construyen confianza. Esto plantea una desconexión entre la campaña digital y la realidad electoral del país.
En ese contexto, la marca personal sí importa, pero no basta con ser viral. La clave está en ser reconocible, comprensible y culturalmente relevante. En las elecciones de 2026 no ganará necesariamente quien domine las redes sociales, sino quien entienda mejor las múltiples capas del electorado peruano. Porque al final, más que los likes, lo que define el voto sigue siendo la memoria del ciudadano.
Para conocer más sobre este tema, te invitamos a revisar esta infografía interactiva: https://view.genially.com/69cd4dc3c7cfe371c2ee0a79