En menos de diez días, el presidente de la República de Perú, Martín Vizcarra, sostuvo conversaciones telefónicas con los mandatarios de los estados más poderosos del planeta: Xi Jinping, presidente de la República Popular de China (RPC); y Donald Trump, de los Estados Unidos. Las conversaciones telefónicas entre mandatarios de potencias globales, además de un protocolo bien definido, tienen una naturaleza y efectos concretos en función de los alcances del balance del poder que disponen. Las conversaciones telefónicas entre presidentes de potencias globales con sus similares de países de la periferia del poder tienen una naturaleza diferente y también efectos concretos que se explorarán en este artículo.

Casi un año después de firmarse el convenio entre el Grupo Volcan (Minera Volcan con el 40 % de acciones) con la empresa china Cosco Shiping (naviera estatal con el 60 % de acciones), en palacio de Gobierno en Lima, para la construcción del mega puerto en Chancay, y tres días después de la autorización oficial para el funcionamiento del Bank of China en Perú, el presidente Vizcarra anunció al país en conferencia de prensa sobre una extensa y directa comunicación telefónica con su similar de la República Popular de China (RPC), relacionada con una serie de compromisos que facilitarían atender la emergencia nacional causada por la pandemia de COVID-19 en nuestro país. No hizo referencia alguna a los intereses de la RPC. Este anuncio presidencial tuvo una amplia difusión en los medios de prensa digitales y redes sociales más importantes del mundo.

En los últimos años, la presencia del soft power de la RPC, tanto en Latinoamérica como en Perú, se ha venido incrementando; más aún en relación con la pandemia, conociéndose como el efecto de “la diplomacia de las mascarillas”. Las relaciones entre el actual gobierno peruano y su similar de China pueden apreciarse como muy cercanas, continuas y de mutuo interés en diferentes ámbitos.

Nueve días después de que el presidente peruano anunciase la conversación telefónica con su similar de China, la embajada de Estados Unidos en Lima publicó un comunicado en el que anuncia la conversación telefónica entre el presidente Donald Trump con su similar peruano. Estados Unidos ofrece su ayuda para la lucha contra la COVID-19 y, al mismo tiempo, agradece al gobierno peruano por sus acciones y compromisos con la democracia y la libertad en la región. El gobierno peruano informa discretamente sobre esta conversación telefónica en una breve nota digital del diario oficial. No hay anuncio presidencial al respecto ni mayor difusión en prensa ni menos en redes sociales hasta la fecha.

En los últimos años, las relaciones políticas de Estados Unidos para con América Latina, e incluso durante la presente pandemia, pueden ser consideradas como “modestas” en términos diplomáticos, y correspondiente a la dimensión de “patio trasero” en términos políticos. Las relaciones entre el actual gobierno peruano y su similar de Estados Unidos pueden apreciarse tanto como modestas, austeras o casi inexistentes.

Esta última conversación adquiere singular importancia para el Perú en el actual escenario de una incierta gestión eficiente de la pandemia y la inestabilidad política interna y externa del gobierno peruano. ¿Qué naturaleza tienen entonces las conversaciones telefónicas del presidente Vizcarra con los mandatarios de las mayores potencias globales? Vamos a ello desde la perspectiva del escenario y los intereses en juego.

Ambas potencias se encuentran enfrentadas en un grave conflicto económico, que algunos llaman guerra, con efectos políticos y sociales de alcance global y trascendente en el tiempo; con mutuas acusaciones de responsabilidad sobre la difusión de la actual pandemia y exigencias de reparación en medio de una economía global paralizada y de la formación de nuevos bloques de poder.

Los intereses de China se evidencian a través del ejercicio de su política exterior que muestra una creciente y audaz presencia de su poder financiero en Latinoamérica utilizando un poderoso despliegue de soft power, que le permitiría tener acceso a recursos naturales que le son escasos y a la posibilidad de un importante posicionamiento político en la región.

Para asegurar esos intereses, China necesita consolidar su influencia regional que va acompañada con la expansión de su cultura ancestral sostenida con el poder de su modelo político de dominio autoritario, con una poderosa economía centralizada por el Estado y una sociedad comunitaria. En este sentido, el proyecto del mega puerto en Chancay no solo significa la posibilidad real de construir un puerto que compita con sus similares de San Francisco y Los Ángeles, sino una alternativa al Canal de Panamá. ¿Tendrá este mega puerto condiciones de extraterritorialidad? ¿Su administración estará bajo control del Estado de la República Popular China? ¿Implicaría el libre acceso a buques de guerra de la armada China? ¿Cuál será el tipo de influencia política del gobierno chino durante las próximas elecciones y sobre el gobierno que las gane? Por lo menos, la opinión pública peruana no lo conoce.

Por otro lado, los intereses vitales de Estados Unidos sobre Latinoamérica se proyectan esencialmente en la dimensión de su seguridad nacional; en este sentido el control del Estrecho de Magallanes en el Sur del continente y del Canal de Panamá constituyen su prioridad de seguridad vital permanente, así como evitar la presencia de las “llamadas potencias externas” en la región, según la conocida doctrina Monroe: “América para los americanos”.

Para asegurar sus intereses, los Estados Unidos ejercen influencia sobre la región a través de la proyección de su modelo político democrático, la defensa de las libertades individuales, del Estado de Derecho y del sistema económico capitalista, en la dimensión de los principios y valores compartidos por el llamado hemisferio occidental, que hoy está en crisis.

¿Cuáles son entonces los efectos concretos de estas conversaciones telefónicas? De hecho, proyectan la importancia de intereses vitales en conflicto entre las potencias globales más fuertes del planeta sobre una zona geográfica llamada Perú, hacen que de pronto su desenlace se encuentre en las manos del actual presidente Vizcarra, otorgándole a través de su toma de decisiones un “enorme poder de negociación” que podría ser muy bien utilizado para los intereses del Perú. Al menos por el momento.

Esta oportunidad no se refiere a negociar sobre alguna cantidad de mascarillas o respiradores artificiales, o del rechazo que le pueda causar a ciertas personas en el gobierno una personalidad controversial como la del actual mandatario de Estados Unidos. No, lo que tiene en sus manos el presidente Vizcarra es la capacidad de decidir si involucra al pueblo peruano con un sistema de principios y valores políticos que le pueden generar una alianza temporal e incierta para recibir apoyo político y de recursos críticos, a cambio de someterse a la influencia política y económica de la RPC, o de impulsar la defensa de los principios y valores políticos de la libertad individual y la democracia solo y fundamentalmente con el apoyo del pueblo peruano como una expresión de soberanía sostenida por el conjunto de principios y valores de libertad individual y democracia que comparte con el hemisferio occidental y que no constituyen patrimonio exclusivo de los Estados Unidos.

Los intereses económicos y financieros de China y los intereses vitales de seguridad de Estados Unidos en la región que implican al Perú, no necesariamente tienen que entrar en conflicto, en el mejor de los casos estos pueden ser complementarios y de mutuo beneficio para todas las partes; más aún en tiempos de COVID-19. Todo depende de la capacidad y arte que pueda tener el actual presidente y el Gobierno para negociar, teniendo en cuenta que los principios y los valores no se negocian.

En este, como en todos los casos críticos de la coyuntura actual, los peruanos esperamos tener a un presidente y a un Gobierno que se encuentren a la altura de las circunstancias.

Escrito por:

Juan Carlos Liendo
Experto en la Gestión de Riesgo Político con amplia experiencia en el asesoramiento para la toma de decisiones de alto nivel en escenarios críticos y complejos, tanto en los sectores público como privado, en el ámbito nacional e internacional. Se ha desempeña