El populismo, a pesar de ser empleado peyorativamente por tendencias liberales, no es una exclusividad de gobiernos socialistas; de hecho, diversos gobiernos autodenominados de derecha lo han utilizado extensivamente en su labor política. Aunque difícil de conceptualizar, el populismo en principio debería proteger los intereses y deseos del pueblo ante los abusos de una elite en el poder dispuesta a beneficiarse del sacrificio popular.

La primera década del siglo XXI fue testigo de la afirmación de diversos gobiernos con tendencias políticas muy similares. Evo Morales en Bolivia, los esposos Kirchner en Argentina, Hugo Chávez en Venezuela, Lula en Brasil, Rafel Correa en Ecuador, en mayor o menor medida, estos líderes emprendieron reformas políticas, económicas, y sociales, enarbolando las banderas de lucha siempre en nombre del pueblo y en contra de los grandes poderes “imperialistas y neoliberales”.

La irrupción manifiesta del populismo en el escenario regional provocó la división de Suramérica en dos grandes bloques: los del Pacífico y los del Atlántico; que, por el peso específico mundial de Brasil, regional de Argentina, el carisma de Hugo Chávez, y el incremento galopante del precio del petróleo, inclinó la balanza en favor hacia éstos últimos.

La continua actividad diplomática de Brasil y Venezuela rindió sus frutos con la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) en el año de 2007, y del Consejo de Defensa Suramericano (2010) posteriormente; sin embargo, a su vez trasladó las mismas divisiones de pensamiento político a su interior. El papel descollante de Brasil, Argentina, y Venezuela, ahora integrados con Ecuador y Bolivia, provocó un control mayoritario de la conducción de tales organismos regionales. En el año 2006, Venezuela se retiró de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) después que Perú y Colombia decidieran continuar con las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos de Norteamérica. Este retiro venezolano, obligó a Ecuador y Bolivia a manifestarse abiertamente contra cualquier TLC o negociaciones similares, provocando una grave crisis al interior del CAN. Por otro lado, Venezuela ingresó al MERCOSUR con el decidido apoyo de Argentina y Brasil, provocando los recelos de Paraguay y Uruguay.

En la misma línea, el incremento del precio del petróleo a valores históricos le permitió a Hugo Chávez desarrollar constantes actividades políticas a través de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) creada en el año 2004, inmiscuyéndose en varios países suramericanos a través de ayuda social, así como la creación en el año de 2010 de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en franca confrontación con los Estados Unidos de América y las economías liberales de la región, lo cual provocó que para el año 2011, el bloque suramericano del Pacífico respondiera con la creación de la Alianza del Pacífico, la cual a pesar de ser una iniciativa de integración regional de carácter económico, visaba seguir con los fundamentos políticos de libre mercado y el comercio global. Este bloque integraba a Perú (principal gestor), Chile, Colombia, y México. Desde entonces, la disputa regional se tornaría mas feroz, con constantes ataques entre los Jefes de Gobierno.

El Consejo de Defensa Suramericano (CDS), quizás el más activo de los órganos de la UNASUR, igualmente sufrió los efectos de la división ideológica. En varias reuniones, de los que fui testigo personalmente. El alineamiento de los países era más que notorio. El Plan de Acción del CDS, un interesante mecanismo para programar y medir los avances del CDS se convertía en una disputa por las actividades, en la cual Chile, Perú, y Colombia, en la mayoría de los casos dejaban hacer a sus pares. A pesar de tales disputas, y siendo un órgano técnico dirigido por Militares y Diplomáticos, el CDS es el órgano que más avances concretos puede mostrar al interior de la UNASUR.

Para el año 2014 al 2016, a pesar de que Ollanta Humala (de tendencia populista) fue elegido presidente en Perú, y que la mayoría de los gobiernos neopopulistas aun conservaban el poder, el centro gravedad suramericano pasó del Atlántico al Pacífico. El crecimiento constante del comercio mundial en la cuenca del Pacífico, los éxitos económicos de los integrantes de la Alianza del Pacífico, la caída feroz del precio del petróleo, los decididos disturbios sociales en Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil, Paraguay, y sobre todo en Venezuela, dieron la estocada final tanto al ALBA, CELAC, y la UNASUR.

El único órgano exitoso de la UNASUR, el CDS, quedó estancado en su objetivo de lograr la integración de una Política de Defensa Suramericana. La creación de más y más instituciones como el Colegio Suramericano de Defensa, el Centro de Estudios Estratégicos de Defensa, los mecanismos de Medición de los Gastos Suramericanos en Defensa, las acciones para el apoyo ante Crisis provocados por acontecimientos antrópicos fueron dejados de lado, sea por falta de apoyo económico o por la notoria influencia política en asuntos técnicos. Así, el Consejo de Defensa Suramericano y toda la UNASUR como expresión de una institución suramericana, se encuentran en estado vegetativo y me temo, en una etapa final.

El rotundo fracaso de otro esfuerzo de integración suramericana debería llevar a una profunda reflexión, hoy en tiempos de crisis de seguridad en la región. Si bien es cierto, que las necesidades varían en cada país, así como sus intereses nacionales, también es cierto que urge la necesidad de crear instancias de colaboración regional en temas tan comunes como el narcotráfico, la corrupción, el tráfico de armas, el terrorismo, la inmigración ilegal, la trata de personas, el crimen internacional, y otros tantos flagelos que abruman a las poblaciones y gobiernos suramericanos.

Modelos de trabajo como el CDS u otros, deben ser repensados y aplicados. Esto no puede ser un conjunto de esfuerzos individuales de algunos países en donde la alineación política termine tergiversando el deseo suramericano de gozar de una seguridad integral. De no ser así, se seguirá la misma tendencia de la UNASUR, la cual fue concebida en principio para hacer converger al MERCOSUR y a la CAN en una sola expresión, y que gracias al ideal populista terminó dividiéndolo y acabando con un sueño acariciado desde los primeros días de la independencia.

Escrito por:

Alfredo Angulo Palma
Máster en Servicio Internacional por la School Of International Service de la American University. Licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Federico Villarreal.